Montar una sala de espectáculos es una actividad complicada, pero muy gratificante. Hay que controlar una multitud de variables, y por un detalle que no funcione se puede echar a perder todo el trabajo del equipo.
Lo primero es la elección del local. Hay que partir de un mínimo de 500 m2 y vamos a suponer que el local es de alquiler. Las principales condiciones que debe reunir el recinto vienen determinadas por la actividad. Como sala de fiestas y espectáculos, requiere un camerino con acceso directo desde la calle, comunicación directa con el escenario y baño completo.
Como es un recinto con gran movimiento de gente, necesita medidas preventivas de seguridad. Fundamentalmente: una salida de emergencia distinta de la entrada general, que dé a una calle distinta que no sea la principal, y cuya puerta se abra hacia fuera. Además, hay que tener extintores debidamente revisados, derivaciones a tierra de la instalación eléctrica y botiquín de primeros auxilios.
En cuanto a los permisos necesarios, basta con una licencia municipal provisional de sala de espectáculos públicos y actividades recreativas. Para ello hay que presentar un proyecto técnico y obtener previamente un acta de consentimiento del vecindario.
Se tendrá a la vista del público la licencia de apertura sellada, la lista de precios y las hojas de reclamación. Los precios son libres; sólo la lógica establecerá su máximo y su mínimo.
La decoración es una baza fundamental. Un local de diseño atrevido y espectacular causará un grato recuerdo en el público.
La contratación de los artistas se puede buscar directamente en sus locales de ensayo, o al concluir alguna actuación suya.
Otros cuentan ya con una oficina de contratación, que avisa de las tarifas y de las fechas disponibles.
martes, 27 de noviembre de 2007
Sala de Actuaciones
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distribuidores independiente
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11/27/2007 01:00:00 a. m.
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